Misa de los mozos y procesión

Tras el corro, a la hora de costumbre, todos los vecinos acuden a la iglesia parroquial para celebrar la conocida misa de los mozos, en honor al Santo, San Miguel Arcángel.

La emotividad del acto, se palpa en el ambiente.

Todos llevan sus mejores galas, muchas mujeres se han vestido con trajes regionales para bailar al Santo en la procesión, otras van ataviadas con trajes y vestidos que manda la ocasión.

Los hombres no se quedan atrás, los más ancianos lucen su boina más bonita minutos antes de entrar al templo, los padres de familia alardean con respeto, las peripecias vividas minutos antes en el corro, con un cigarro en la mano. Los niños corretean porque saben que aún para ellos, queda fiesta.

Los mozos, de traje y corbata, tratan de mostrar su mejor cara, dentro del cansancio acumulado, no sin antes discutir en la sacristía con el Santo Padre Don Antonio, quien hará las lecturas, quien pasará el cestillo y quienes se colocarán a ambas manos del sacerdote, para desempeñar las labores de monaguillos.

Así pues, y cuando en la iglesia se encuentran todos los ya citados, da comienzo la misa de los mozos en honor a nuestro patrón, San Miguel Arcángel.

Las caras de los mozos lo dicen todo, hay pasión y devoción por el Santo y a la vez sufrimiento por lo que saben les queda para las nuevas fiestas, también hay cansancio, sueño y muchos, muchos bostezos inoportunos, acompañados de una risilla en el altar, con murmullo y malas caras, pocos metros delante de este, bajo los escalones.

Aun así, la misa es escuchada por todos ellos, a su forma, pero siempre escuchada. Los mozos ayudan como bien pueden al sacerdote, en comunión en paz y en gracia a Dios. Y es entonces, tras el sermón del sacerdote, las canciones entonadas en honor al Santo por María, Petra, Tomasa y Esperanza, entre otras, los abrazos y cruces de manos de los mozos en la paz, el cestillo bien llenito y los deseos bien meditados y pensados, cuando los mozos se apresuran a sus puestos; Imanol coge el mástil mas alto para abrir camino, seguido va Ruba con su particular cruz, El resto, en este momento no tienen importancia, solo sirven para observar y llevar a cuestas al mas grande, al mas bonito, a nuestro único patrón, San Miguel Arcángel.

Todos los feligreses se agolpan a la puerta esperando la salida del bendito, y es entonces cuando el único sonido, es el latir del corazón de todos, el silbido del viento con notas de dulzaina castellana, la locura desbordada entre campanas que saben hacer ruido, y el resbalar de las lágrimas por mejillas de algunos y alma de todos.

Este callado gozo, rompe en delirio, cuando el silencio se rompe de una voz, ¡Viva San Miguel!, Es entonces cuando Kaito, balancea con más ganas la rosca de la campana que será oída en todo el valle. Es entonces cuando las mujeres danzan organizadas, nuestras jotas delante del Santo, Es entonces cuando los mozos, rezan para que también mañana les sigan doliendo los hombros, y es entonces cuando, tras la subasta de palos a cargo de Román, el Santo entra de nuevo en la iglesia, su iglesia, nuestra iglesia! A nosotros solo nos queda tras la procesión, gritar por Riofrío, lo que éste nos enseñó: ¡Viva San Miguel!

texto por Aleka


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