Corro de los mozos

Talante de guerreros para unos, bochorno en la plaza para otros…

Tradición que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos. Poco queda ya de aquellos corros de la época de los sesenta, donde los mozos acudían con sus mejores galas y una banqueta a mitad de la plaza, donde esperaban las mozas para hacer sus fechorías. Estas, no pasaban de pintar con pintalabios la cara de los mozos sentados en el corro, colocar gorros de papel en sus cabezas, o a lo sumo, meter debajo de las piernas un brasero de sal para sembrar la antigua desolación entre los varones. Tomasa sabe bien de lo que aquí se dice.

foto1Ahora las cosas han cambiado, los mozos y las mozas, jóvenes solteros y solteras de la localidad, acuden a la plaza demacrados. Los dos días de fiesta han hecho mella en sus rostros y aunque la procesión va por dentro por el final de las fiestas, el verdadero orgullo patatero resurge en las juventudes riofrianas. Es entonces cuando, tras colocar una veintena de sillas aproximadamente, formando un corro en la plaza, alrededor de una antigua mesa de madera, donde está situada una bandeja que contiene; una botella de anís, otra de pacharán, dos copitas de licor, un paquete de tabaco, un mechero y dos fuentes, una con pastas y otra con embutido, se reparten los diferentes papeles dentro de la composición.

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El mozo mas mayor será el Alcalde de los mozos que velará para que todas las reglas “se cumplan”, todos los mozos se sentaran en las sillas de la misma posición, marcándosele a cada uno, un puño entre los pies, dos puños juntos entre las rodillas, y sus manos deberán ir apoyadas en las mismas, hasta que éste deba relevar en alguna tarea a otro de los mozos. Si esta “regla” no se cumpliese, el mozo en cuestión, será avisado por el alcalde para que corrija su posición, si éste persiste por descuido o por propia voluntad, deberá pagar una multa previamente acordada.

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Durante el transcurso del acto, otro de los mozos que haya ordenado el alcalde, pasará con la bandeja, ofreciendo a los mozos por turnos, lo que en ella haya, sirviendo en una de las copitas de la bandeja, el trago de bebida que éste elija, ofreciendo tabaco y encendiendo a cada uno de los mozos, q decida fumar, su cigarro correspondiente. Una vez terminada la vuelta completa, este mozo dejará la bandeja en la mesa y se sentará en su banqueta correspondiente, tomándose él mismo, las medidas de puños entre pies y rodillas, anteriormente explicadas.

 

Los espectadores, forman un segundo corro alrededor de éste, dejando un espacio libre de unos 3 – 4 metros

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Mientras todo esto ocurre, las mozas, muy bien organizadas, realizan a los mozos sus fechorías. Éstas entran en el corro para, estallarles huevos en la cabeza, embadurnar sus caras con espuma, potingues y cremas diversas, quitar de la mesa la bandeja, o vacilar a éstos con sus peripecias. Por suerte para ellas, los mozos no podrán rechistar, y solo serán limpiados, sobre todo los ojos, por un mozo que ordene el alcalde para tal menester.

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Pero los mozos, como buenos guerreros, disponen de una defensa, los “guardamozas”, que son dos mozos que van corriendo, siempre en la misma dirección, con un cinturón en la mano, para golpear con éste, las piernas o nalgas de las chicas que hayan osado entrar en el corro, y se encuentren en ese momento dentro del mismo. Estos irán haciendo turnos, a lo largo del evento con otros mozos todavía sentados. Si la cosa fuese muy mal, el alcalde de los mozos, podría mandar poner un “guardamozas” más en el corro, para contrarrestar la ofensiva de las mozas. Si éstos, girasen en sentido opuesto para golpear a las mozas, o saliesen del corro con el mismo objetivo, pagarán una multa previamente acordada. Aunque para algunos, conseguir un gran cintazo para poner orden, no tenga precio.

La duración del corro no es exacta, ha habido corros de 20 minutos como ha habido corros de hasta 3 horas, pero generalmente la duración del corro, viene dictada por el horario de la misa. Debemos matizar, que antaño, los mozos dentro del corro, rifaban los palos del Santo y dictaminaban los cargos a desempeñar en la misa. Hoy en día esos compromisos, se resuelven posteriormente en la sacristía de la iglesia, poco antes de dar lugar el acto.

 

Cuando el alcalde de los mozos cree oportuno, realiza una “seña” al resto. Es momento éste, para que todos los mozos venguen las fechorías de las mozas. Al unísono, éstos se levantan de las banquetas y se apresuran a correr tras de ellas para cogerlas. Cuando una moza es apresada por uno de los mozos, varios mozos la inmovilizan cogiéndola en volandas y con fuerza, por la resistencia que ofrecen estás en sus ansias de huída. Es entonces cuando los mozos, obtienen su merecida venganza. Llevan, una a una a cada moza, entre varios y en vilo, al pilón del pueblo, donde antiguamente y aún ahora, beben las caballerías, para tirarlas allí, y que éstas, recapaciten por lo que han hecho. No se salva ninguna, todas terminan mojadas en “babas” de burro, y de esta forma, se da final a esta tradición única en el mundo y baluarte para todos los que en Riofrío, participen o no, se sientan patateros.

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Debemos hacer que perdure nuestro corro, es tradición de nuestros antepasados y por ello, aunque vallamos adaptando la tradición a los nuevos tiempos, debemos sentir el orgullo patatero, que riega nuestras venas, defendiendo lo que nos pertenece y presumiendo de pasar esos inolvidables ratitos, en la plaza de Riofrío, los domingos de fiestas de San Miguel, arropados todos entre si, como una gran familia, Riofrío.

 

 

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